
Dive Zihua
Ixtapa-Zihuatanejo
a 355 m
Ixtapa-Zihuatanejo · México · Américas
En Zihuatanejo, la arena de La Madera queda tan cerca que el mar entra en la jornada sin pedir permiso.
Si busca un hotel pequeño, frente al mar y sin la maquinaria de un gran complejo, el Hotel Rincón Madera juega otra partida: ocho habitaciones, acceso directo a la playa de La Madera y una terraza donde sentarse cuando el día ya ha hecho su trabajo. El sitio web está disponible en español e inglés, algo útil para orientarse antes de llegar, aunque no permite atribuir esas lenguas al equipo del hotel.
La propuesta encaja especialmente bien con una estancia en pareja o con un grupo reducido que prefiera estar en Zihuatanejo, cerca de restaurantes y de la bahía, en lugar de encerrarse en una zona hotelera. Hay aire acondicionado, ventilador y frigorífico en la habitación; después de una jornada de calor, sal y sol, esos detalles pesan más que una recepción llena de mármol.
La dirección real es Colonia La Madera, en Zihuatanejo, México. El hotel tiene acceso directo a Playa La Madera, situada a unos 50 metros, y la Playa Principal queda a unos 200 metros. La Ropa está a 800 metros; Las Gatas, a 2 kilómetros. Para cambiar de playa, podrá moverse por la costa sin convertir cada baño en una excursión logística.
La bahía de Zihuatanejo está a unos 100 metros y el Museo Arqueológico de la Costa Grande, a 800 metros. El Paseo de los Pescadores queda a pocas manzanas. Por la tarde, cuando ya no apetece discutir con las aletas, tendrá restaurantes muy cerca: La Tasca está a unos 50 metros, Restaurante Bar Nardos a unos 100 metros y Bahía de Zihuatanejo a unos 100 metros. Zancantaritos queda a unos 150 metros y la Juguería Mejía, a 500 metros.

La elección depende sobre todo de con quién viaja. La habitación doble está pensada para una pareja que quiera una cama extragrande y un espacio manejable; la triple añade una cama individual, mientras que la familiar utiliza dos camas dobles para alojar hasta cuatro personas. Son habitaciones compactas, así que conviene pensar en el equipaje antes de llenarlas de bolsas, mochilas y recuerdos que luego nadie sabe dónde poner.
Todas cuentan con baño privado, ducha, armario, televisión de pantalla plana, frigorífico y balcón con vistas a la ciudad. El frigorífico sirve para tener agua fresca al volver de la playa; el aire acondicionado y el ventilador ayudan a bajar el ritmo cuando el calor sigue pegado a la piel. Las unidades de planta baja facilitan el acceso directo hacia la zona de playa, una ventaja sencilla si quiere evitar escaleras con el cuerpo cansado o con equipaje.
La mesa propia se llama Restaurant El Arrayan y trabaja cocina mexicana. Sirve la cena, de modo que la comida principal del hotel entra en escena al final del día, no como una cadena de servicios que le obliga a mirar el reloj desde el desayuno. Para una jornada de buceo, el dato práctico es claro: la cena está cubierta por la propia dirección gastronómica del hotel, mientras que el resto de las comidas se resuelve en los alrededores.
No hay bar del hotel registrado, pero tampoco tendrá que caminar mucho para encontrar algo de beber. Zancantaritos está a unos 150 metros; Splash Canta Bar, a unos 550 metros. Si prefiere sentarse a comer cerca, La Tasca, Restaurante Bar Nardos y Bahía de Zihuatanejo quedan todos a unos pocos pasos. La tarde puede continuar fuera de la propiedad, con la ventaja de que volver a su habitación no exige organizar una expedición.

Aquí la actividad principal viene con arena: acceso directo a La Madera, tumbonas y sombrillas para pasar un rato junto al mar sin buscar una playa alternativa. También hay dos piscinas interiores, una de ellas de tipo plunge, además de toallas para piscina o playa. Son opciones prácticas para alternar el agua salada con un baño tranquilo o para descansar sin volver a ponerse en marcha.
La terraza y los balcones aportan el espacio para sentarse, leer o simplemente dejar que la tarde avance a su velocidad tropical. La bahía, el Paseo de los Pescadores y el Museo Arqueológico de la Costa Grande permiten salir a dar una vuelta cuando todavía queda algo de energía. Y si la energía se ha terminado, la piscina interior cumple con una misión perfectamente legítima: no hacer gran cosa.
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